Del Titán moderno al Ciudadano postmoderno: Semiótica del cuerpo en la propaganda político-cultural del Siglo XX.

Texto realizado en el contexto del Magister en Teoría e Historia del Arte, U. de Chile
Curso: Semiótica, Prof. Jaime Cordero
2012


Introducción

El presente trabajo surge a partir del análisis de una de las campañas realizadas por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile durante el año 2009. Dicha campaña, titulada “Yo Leo”, buscaba promover el hábito de la lectura en la ciudadanía. Instalada en grandes soportes a escala urbana, la estrategia visual estaba basada en la representación abstracta y caricaturesca de “lectores” quienes, encontrándose en distintos contextos pedestres (“en la micro”, “en el baño”, “jugando”, incluso cantando), podían realizar simultáneamente el acto de la lectura. El mensaje es claro: leer es un ejercicio divertido y simple, que “hace bien” y entretiene, a la manera de una actividad deportiva –sin importar los contenidos de lectura, por supuesto-. Esta tendencia es congruente con el concepto instrumental de la “Cultura Entretenida”, instalado por los gobiernos de la Concertación desde mediados de los años 90, entendido como una forma estratégica de incorporar contenidos culturales en la población (y, de paso, construir la imagen de un país “preocupado por la cultura”, como signo de posicionamiento interno y externo). Es posible reconocer estos conceptos a través del lenguaje gráfico de los afiches de esta campaña, y específicamente mediante la forma en que se representa a los lectores-ciudadanos (Fig. 1). A partir de este caso, y mas allá de su realidad contextual, el presente análisis busca plantear como hipótesis que el uso de estos recursos gráficos corresponde a una transformación paradigmática de mayor escala, que a nivel histórico es congruente con la pérdida del sentido teleológico-prospectivo de la modernidad y su substitución por una sensibilidad típicamente postmoderna, en la cual la ausencia de metarelatos de realización colectiva se vuelve evidente, siendo remplazados por un modelo de interacción “directo, frontal y cercano”. El análisis se estructura mediante un texto principal, que delinea en términos generales las características de este proceso, acompañado de análisis específicos “en zoom” de afiches y campañas que evidencian este desplazamiento en términos semióticos.

1. De Lo Titánico como expresión de la modernidad.

La historia del afiche político durante el s.XX es un campo fecundo de análisis respecto a la relación entre la representación visual del cuerpo humano y sus lecturas semióticas. Independientemente de la orientación política, las representaciones gráficas de afiches de propaganda que incorporan cuerpos y rostros humanos, desde principios del siglo XX hasta mediados de la década del 70, pueden caracterizarse por la expresión de rostros orientados a lejanías, miradas tensionadas hacia “horizontes de futuro”, cuerpos esbeltos de trabajadores, familias, obreros y masas organizadas. Esto se expresa gráficamente en ordenes “perspectivados”, que desbordan los limites del encuadre del afiche y se proyectan a una “escala de trascendencia”. La mirada y el gesto corporal son un vector, una flecha disparada al horizonte de una destinación sublime (Fig. 2). Llamaremos a esta expresión “Lo Titánico”. Ejemplos claros de esta tendencia se pueden encontrar en los carteles de propaganda de la Segunda Guerra mundial, específicamente en los del Eje, y en los afiches soviéticos, estos influenciados en parte por sus propias corrientes de vanguardia artística como el constructivismo y suprematismo.
La expresión titánica es congruente con el espíritu de una primera modernidad, sustentada en la idea de progreso indefinido y revolución tecnológica. Los soviéticos llevan esta idea a un paroxismo sin límite: la máquina es el arma de la revolución, el instrumento que permite el paso de una sociedad agraria-estamental a una sociedad plenamente “moderna” y revolucionaria. El arado da paso al tractor, al tren, al dirigible aerostático. Y esto se traduce en un universo de propaganda visual con mucha carga expresiva (Fig. 3). Los trenes intervenidos por la Agit-Prop surcan el espacio continental de Rusia, transformados en gigantescos afiches de propaganda política y cultural. Por su parte, los afiches germanos, junto con privilegiar también las bondades de la técnica (Fig. 4) están plenamente enraizados en temáticas identitarias. La noción de “Sangre y Suelo” se expresa en imágenes de familias ideales, paisajes sublimados, arquetipos raciales puros y jóvenes soldados marchando al frente de batalla, acompañados por el espíritu de sus antepasados. Es un ideal olímpico, apolíneo, de proyección a futuro pero con origen, enraizado en la heredad de la sangre y la pertenencia. En términos de técnica gráfica, los afiches germanos ponen en valor el dibujo a lápiz, la ilustración naturalista (Fig. 5), mientras que los soviéticos privilegian el uso de colores puros, el plano de color saturado y la geometrización abstracta.
Mención aparte merecen los afiches italianos ligados al movimiento futurista, los cuales en una interesante alquimia formal sintetizan aspectos tradicionales y modernos. Visiones de utopías monumentales, gestos amplios y una especial valoración de la estética de la velocidad. Hombres nuevos para un mundo nuevo (Fig. 6).

2. De lo Titánico in situ.

En Chile, estos códigos visuales también tuvieron eco en el diseño gráfico de afiches políticos y culturales, desde inicios del siglo XX. El caso específico del cartel de propaganda social ligado a la reforma agraria, y posteriormente al gobierno socialista de Salvador Allende puede considerarse un punto de inflexión, pues si bien se inscribe grosso modo en la expresión titánica, hace aparecer una variable nueva: la definición de un tipo racial específico, como expresión identitaria del pueblo en armas.
La representación de este biotipo se caracteriza principalmente por el dibujo de rostros aceitunados, chatos, de proporciones ovaladas que privilegian la horizontal por sobre la esbeltez vertical, ojos dilatados, nariz ancha, etc. Generalmente representados en grupos de masas movilizadas, con puños alzados y banderas de lucha. Inspirada en la obra de muralistas como Siqueiros, (quien colaboró directamente con las brigadas muralistas chilenas) y con ecos indirectos en la obra de Osvaldo Guayasamín, esta tendencia se basa en la idealización del mestizo y el indígena sublevado, el nativo de la “América cósmica” de Vasconcelos, que se rebela contra el dominio capitalista blanco y recupera su espacio vital de pertenencia y autodeterminación. Una subversión del orden jerárquico-estamental del patronazgo. En términos estéticos, el ideal apolíneo se trastoca en un ideal telúrico-chtonico, de “gentes de la tierra”. Héroes de barro, opacos, duros, anónimos…pero en los que aún resuena la expresión titánica, como voluntad de consumación de un ideal revolucionario. La manifestación mas conocida de esta tendencia fue desarrollada por la célebre “Brigada Ramona Parra” a través de sus murales urbanos. (Fig. 7,8,9)

En forma muy resumida, el advenimiento del régimen militar genera un lapsus estilístico, en el cual se recuperan e inducen algunos referentes “tradicionales” en las distintas manifestaciones culturales del país. Campañas de identidad en que se valoran conceptos nacionalistas, el orgullo de la pertenencia, la belleza del paisaje chileno como referente de identidad, la importancia de los emblemas nacionales y su significado simbólico (Fig. 10) Todas estas manifestaciones y estrategias quedan en abierta contraposición a los leit-motivs de la intelligentsia cultural de izquierda, cuyos artistas se encontraban en su mayoría proscritos, en el exilio o en la clandestinidad. Esta primera etapa de reivindicación nacionalista queda posteriormente diluida con la consolidación del modelo de libre mercado y la consiguiente internacionalización de los referentes culturales. El posterior colapso del régimen militar deja la puerta abierta al retorno de la intelligentsia de izquierda, esta vez en forma de asesores comunicacionales que incorporan conceptos de marketing, publicidad y diseño estratégico (los cuales fueron cruciales en el triunfo de la opción No del plebiscito de 1988).

3. Del Titán al Ciudadano: En dialogo directo, cercano y horizontal.

En consonancia con los nuevos tiempos, y el término de los meta relatos ideológicos que los sustentaron, los antiguos-nuevos estrategas de la comunicación han dado desde principios de los años 90 un giro desde el discurso abiertamente político, agonal, hacia formas “actualizadas” postmodernas, en las cuales conceptos como cercanía, accesibilidad de contenidos, transversalidad e integración se yerguen como los nuevos mandamientos de la comunicación efectiva. En este contexto, la expresión titánica resulta incongruente y demodé, siendo reemplazada por conceptos instrumentales como la cultura entretenida, la cultura urbana, el gobierno ciudadano. El titán es reemplazado por el mimo, la caricatura, la minoría (Fig. 11). En la ausencia de referentes de trascendencia, en la negación de ideales de transmutación colectiva, la expresión de lo nimio y lo prosaico toma protagonismo. Es la representación visual del “último hombre”, del pulgón de Nietzsche. Y esto se expresa gráficamente en la negación de las perspectivas, en el uso de encuadres frontales (“de dialogo horizontal, directo”), e incluso en el uso de perspectivas inversas (cuerpos fotografiados “de arriba hacia abajo”, en que el primer plano es la cabeza y la lejanía está en los pies). Es la inversión de la mirada que aspira a lo sublime, a lo que está “lejos, arriba y mas allá”…es la negación de lo ad-mirable y la supresión del “aura olímpica”. (Fig. 12) Un buen ejemplo de estas formas lo da el canal estatal TVN, con las franjas de continuidad de su programación cultural de weekend.

El colapso de los meta-relatos de identidad y la consiguiente atomización nuclear de los cuerpos sociales en “tribus urbanas”, masas indiferenciadas y minorías, conlleva también la imposibilidad de definir un “tipo ideal” al cual aspirar como modelo de expresión visual para la propaganda político-estética contemporánea. Sin embargo, considerando el poder de las formas de comunicación masiva y su grado de penetración en las conciencias individuales de “la gente”, es posible pensar en la inducción de contenidos y formas que, a través de campañas gubernamentales bien guiadas, puedan volver a traer a presencia aquellos arquetipos visuales apolíneos, titánicos, solares, que no han muerto, y que mas allá del espíritu de la época, siguen formando parte del inconsciente colectivo de nuestro pueblo.

Juan Almarza Anwandter
Arquitecto PUCV 1997